domingo, 5 de julio de 2026
El desempleo y los terraplanistas económicos
Las cifras de desempleo vuelven a encender las alarmas. Políticos de todos los sectores expresan preocupación por el deterioro del mercado laboral formal, como si se tratara de un fenómeno inesperado. Sin embargo, lo que hoy ocurre en Chile tiene mucho menos de sorpresa que de consecuencia.
Una economía no funciona según deseos políticos, sino de acuerdo con incentivos y restricciones. Cuando se encarece el costo de contratar trabajadores, la demanda por trabajo tiende a disminuir. Es un principio básico de la economía, enseñado desde los primeros cursos universitarios y validado por décadas de evidencia empírica.
A pesar de ello, durante los últimos años se han acumulado medidas que han elevado sostenidamente el costo del empleo formal: aumentos del salario mínimo, incremento de las cotizaciones previsionales y reducción legal de la jornada laboral de 45 a 40 horas semanales. Cada una de estas iniciativas puede tener objetivos legítimos, pero ninguna está exenta de costos.
El problema es que esos costos rara vez aparecen en los discursos políticos. Se anuncian los beneficios, pero se silencian las consecuencias. Y cuando estas finalmente se manifiestan en forma de menor contratación, mayor informalidad o aumento del desempleo, muchos de los mismos impulsores de las medidas reaccionan con sorpresa.
La realidad es especialmente dura para los trabajadores con menor calificación. Son ellos quienes enfrentan mayores dificultades para justificar, desde el punto de vista productivo, un aumento sostenido en los costos de contratación. En consecuencia, son también quienes tienen más probabilidades de quedar fuera del mercado laboral formal.
A ello se suma un factor que suele pasar inadvertido: la productividad. Chile arrastra desde hace años un desempeño decepcionante en esta materia. El crecimiento de la productividad laboral ha sido débil e insuficiente para respaldar el aumento de los costos asociados al empleo. Cuando los salarios y otros costos crecen más rápido que la productividad, el ajuste termina llegando por alguna vía, y frecuentemente lo hace a través del empleo.
Tampoco debe olvidarse que una parte significativa de los trabajadores informales no realiza aportes a los sistemas de seguridad social, salud ni tributación. Esto genera una presión creciente sobre quienes sí participan del empleo formal y contribuyen al financiamiento de dichos sistemas.
Lo que hoy observa Chile no es un fenómeno extraño ni una anomalía estadística. Es la manifestación de relaciones económicas ampliamente conocidas y estudiadas. Ignorarlas no las hace desaparecer.
Negar que el aumento artificial del costo del trabajo tiene efectos sobre el empleo es tan absurdo como negar que la Tierra es redonda. Es una forma de terraplanismo económico. Y lo más preocupante es que no se trata de teorías complejas ni de debates académicos sofisticados, sino de principios elementales que la economía viene explicando desde los tiempos de Adam Smith.
Juan Ricardo Massmann Schilling
5 de julio del 2026
Ubicación:
Villarrica, Araucanía, Chile
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